El Amañamiento o Sirviñacu
Es una costumbre social ancestral, experimentada por el “chango” y la “imilla” (mujer joven, coya de la puna jujeña), cuando en ellos se despierta el amor.La primera parte del “sirviñacu” es la “espejeada”, rito que consiste en la comunicación de la pareja por medio de espejos. Ubicado cada uno en un cerro lejano –desde donde sin embargo pueden llegar a avistarse–, reflejan los rayos solares en dirección al otro, actividad mediante la que le comunica diversos mensajes, ya que los distintos modos de reflectar la luz responden a un código que ambos conocen.Generalmente en la fiesta del carnaval estas parejas celebran su “compromiso” realizando el “casarachi” o casamiento. Desde este instante comienza el “amañamiento”, es decir la unión en pareja, sin casamiento, formando un nuevo hogar. Para que eso suceda los familiares de ambos deben dar su permiso. Desde ese instante vivirán “amañados”, descubriendo momentos de felicidad, mitigando el silencio de la soledad, procurando llegar al entendimiento común. El hogar puede alegrarse con uno o dos hijos y prolongarse por dos años, hasta que resuelven casarse “civiliados” en el pueblo más cercano. De esa manera consolidan su unión y su familia.-
El Misachico
Casi la totalidad de las familias nativas de las regiones de la quebrada y la puna poseen imágenes de la Virgen María o de santos de su devoción. Éstas son conservadas en urnas con puertas de vidrio en la parte frontal, ornamentadas por dentro y por fuera con multicolores ramilletes de flores de papel. Cada hogar dispone de un pequeño oratorio para la “Mamita” o “Tatita”, según sea la Virgen o un Santo quien recibe las honras y plegarias de la familia. Llegada la fecha de su festividad, rezan los primeros días del novenario en el oratorio; los restantes los cumplen en el largo y desolado caminar en procesión rumbo al pueblo, para hacerle rezar una misa en acción de gracias. Para el traslado al lugar elegido, acomodan la urna en una angarilla especial. Preside la marcha un hombre que va tocando su tamboril, a quien siguen cuatro promesantes que conducen a la imagen en andas, y por último el resto de los fieles.De trecho en trecho descansan para abultar el “acusi” (bolo de hojas de coca que se lleva en la boca) con hojas de coca, y para beber un trago de alcohol. Luego reanudan la marcha entonando tristes cánticos que exteriorizan sus sentimientos y su fe.Al llegar al pueblo, se escucha el repicar de campanas, los redobles de los tambores, bombas de estruendo y cohetillos. Entonces los promesantes inician la adoración de la imagen con las cuarteadas, llamando la atención y contagiando su fe peregrina a los concurrentes que se acercan.A esta ceremonia, realizada con sacrificio, fe y respeto, se la denomina “Misachico”.La ceremonia termina en medio de un clima de fiesta, ya que todos bailan danzas regionales al ritmo de la música de erques, sikuris y quenas. Finalmente, retornan a su pago.-
Fiesta del Inti Raymi
Es una celebración de origen incaico, vestigio de esa cultura en esta región.Se realiza cada 24 de junio, día del solsticio de invierno. Con las últimas luces del día 23 se prenden cuatro fogatas, situadas cada una en un punto cardinal, hecho que señala el momento previo a la llegada del año nuevo solar. Los participantes festejan con cantos, danzas, brindis colectivos, y se rinde culto a la Pachamama con ofrendas y aspersiones.Por la mañana se espera con ansiedad la salida del Tata Inti o Dios Sol, quien con sus primeros rayos ilumina los espacios, renueva la alegría y señala un nuevo comienzo que es celebrado con brindis, libaciones, música y cantos, en una verdadera fiesta de la americanidad. Este ritual es presidido por las banderas de nuestro país y la del Tahuantinsuyo (cuatro regiones del Imperio Inca), llamada Whipala, que tiene los colores del arco iris.En la provincia de Jujuy la fiesta se celebra en las localidades de Huacalera y Tilcara.-
La Flechada
Cuando una familia desea construir su casa, una habitación, o alguna otra parte de la vivienda, cumple con ritos ancestrales a la Pachamama, bendiciendo la tierra, el agua, las herramientas y demás elementos, a fin de que la obra se realice sin dificultades. Una vez levantada la casa, en la habitación principal de la misma se lleva a cabo una nueva ceremonia denominada “flechada”.De la parte media del tirante que sostiene el techo, cuelga un tejido espaciado que, a manera de cesto, sostiene un huevo. Esta parte central está adornada con coloridos pompones. Perpendicularmente desde el cesto al piso de la habitación, cavan un pequeño hoyo, donde deberá caer el contenido del huevo una vez rota la cáscara.Con anticipación, el dueño de la casa elige a los flechadores entre familiares, amistades y vecinos para cumplir este rito, con el que la casa quedará inaugurada y bendecida por la Madre Tierra. Cada flechador utiliza su arco y flecha. Inician la competencia ritual ordenándose el círculo alrededor del hueco. Con paso lento dan vueltas implorando felicidad y prosperidad para la familia dueña de casa.La flechada en sí comienza cuando el primer participante lanza una flecha al huevo. De fallar en el primer intento podrá repetirlo todas las veces que pueda en el lapso de tres vueltas alrededor del hueco. Cumplido este tiempo, el siguiente flechador intentará dar en el blanco, y así sucesivamente hasta que uno resulte triunfador. Se rocía agua bendita en toda la habitación, a la vez que se queman aromáticos sahumerios.Se declaran compadres al dueño de la casa y al triunfador de la flechada.Todo esto se realiza con el fin de liberar al hogar de las visitas de malos espíritus.Luego se festeja durante toda la noche hasta el día siguiente.-
Leyenda de la Coca
Cuando llegaron las corrientes de los conquistadores fueron sembrando el terror y la destrucción a su paso, aniquilando ciudades, quemando templos, derribando ídolos. Pronto exterminaron a gran parte de la realeza del Imperio Incaico y fueron dominando a los nativos, quienes en su desesperación retrocedieron en busca de refugios naturales en las laderas de las montañas (pucará) o en las altas cumbres. En su retirada solo invocaban la protección de sus dioses, Inti (Sol) y Quilla (Luna). Ante la inminencia de una derrota total, decidieron poner a salvo las riquezas del Imperio. Esta difícil misión se le encomendó a un viejo sacerdote, quien, a pesar de los recaudos, fue tomado prisionero y torturado por los invasores blancos para que revelara dónde había escondido el tesoro. Nada consiguieron; no pudieron vencer su juramento. En el silencioso escenario apareció la misteriosa Quilla, se le acerco al oído y le dijo:“Supremo sacerdote, me envía Inti, tu Dios, para salvarte, porque has sabido guardar los tesoros de nuestro pueblo, nuestra religión, y has sido fiel a nuestra raza. En recompensa pide lo que quieras, que te será concedido”.El anciano meditó unos momentos y respondió:“Oh diosa protectora, nada te pediré para mí, pero sí para mi raza vencida. No te pido ni armas, ni riquezas, danos un bien con el cual podamos soportar tal sometimiento, y que a su vez ese bien, en manos del enemigo se transforme en un mal, en un peligro para su raza opresora”.Entonces, Quilla le respondió:“Fiel servidor, mira hacia atrás. Ahora sigue con tu mirada el destello de luz que se ha detenido en esa planta de hojas verdes y ovaladas. Presta atención a ella, Inti le ha otorgado una secreta virtud, la de adormecer penas y mitigar fatigas. Que tu raza arranque sus hojas y las mastique. Su jugo será el mejor remedio para soportar todo sufrimiento, y si la raza invasora los imita tendrá su castigo. Su jugo, que para nosotros es vida, para ellos significará la muerte, un vicio repugnante que al cabo de un tiempo aniquilará a su raza”. A la mañana siguiente el anciano llamó al grupo que lo acompañaba y les dijo: “Por voluntad de nuestros dioses, en estos cerros ha nacido esta planta, llamada “coca”. Les contó sus beneficios y les dijo que si querían saber los secretos del destino, bastaría tomar un puñado de esas hojas y, arrojándolas al viento, la dirección que tomaran marcaría el rumbo del bien. Pero cuando el invasor quisiera sacar igual provecho de tan milagrosa planta, sufriría un castigo.Así nació la planta de la coca, regalo divino, elemento mágico de rituales de nuestro pueblo.-
Leyenda del "Río Engualichado"
Cuando Francisco de Villagra dispuso en 1550 su campamento en el valle de Xuxuy, creó el primer asentamiento europeo en esta tierra.Para ello, es cierto, debió luchar contra los feroces indios “JUJUYES” quienes demostraron indomable bravura y celo en defender lo propio. Pero aunque es cierto que murieron varios españoles, y que la permanencia de Villagra no fue realmente prolongada, la convivencia en tan extrañas circunstancias creó tensiones suficientes como para que un bando estuviese acampado en la orilla derecha del Río Grande (banda de los perales), y los otros (los jujuyes) en la margen izquierda del Xibi-Xibi, quedándoles de esta manera la cierta y precaria seguridad de dos ríos de por medio, como para poner distancia.En realidad Villagra tenía como destino Chile, que era hacia donde debía encaminarse, como tropa de refuerzo a don Pedro de Valdivia. Pero Francisco prefirió apoderarse de los pertrechos del Capitán Núñez de Prado, desviándose de esta innoble manera de su curso original.Pero es la historia la encargada de contarnos con detalle todo lo sucedido en aquellos tiempos entre esos guerreros. En cambio, aquí, a nosotros nos interesa lo que sucedió en otro plano, y a raíz de aquel primer asentamiento.Y, como ocurre a menudo, de fuerzas antagónicas nace, además de la lucha, el reconocimiento y la admiración. Pero cuando se trata de razas desconocidas, surge entonces la curiosidad y la sorpresa.Y así fue como la hija menor del terrible cacique, que defendía sus tierras hostigando a los intrusos, la hermosa y joven princesa ODERAY, de apenas quince años, quedó absorta con estos seres blancos, barbados y disímiles a todo cuanto hasta entonces había conocido. Su gente también los miraba con curiosidad, y animosidad, es cierto. Pero el asombro de Oderay se transformó en embeleso ese día que, arriesgadamente sin duda, subió por la orilla derecha del Xibi-Xibi hasta donde comenzaban las barrancas, lugar de la Salamanca (hoy, Lago Popeye), a fin de caminar, pasear, curiosear. Y allí encontró al no menos osado e inconsciente Martín de Zárate, joven entonces de veintiséis años, que, habiéndose alejado sin autorización del campamento pese a las prevenciones, llegó hasta aquel recodo, buscando quién sabe qué, o tal vez, sin poder impedirlo, el encuentro con su destino.Oderay y Martín fueron en ese momento traicionados por el amor, que clavó en ellos sus profundos dardos, pero se ensañó más con la princesa.Así, Oderay, no pudiendo resistirse más a los encantos que Martín, sin saber, desparramaba, se hizo un poco la distraída y, caminando como quien no quiere la cosa, se dejó ver por el sorprendido mancebo, que quedó de inmediato fascinado por la gracia, la belleza y la inocencia de la donosa muchacha.Y como sucede por lo general en este tipo de casos, Oderay y Martín vivieron un hermoso romance, profundo, a escondidas, lleno de las más dispares posibilidades, pero real y de raíz.Así, los jóvenes vivieron dichosos los días que le tocaron en suerte, hasta que una mañana, Villagra anunció que en dos días más levantarían el campamento con destino hacia la ciudad de el Barco (hoy, Santiago del Estero).Martín, desesperado, corrió a contarle la novedad a su amada, y también a despedirse, ya que aunque el hecho lo molestaba, no estaba dispuesto a ser excluido de la tropa.Oderay, en cambio, tomó la noticia como una verdadera catástrofe, ya que la sola idea de separarse de Martín le pareció peor que perder su propia vida.Desesperada, y no pudiendo hacer otra cosa, contó al fin la noticia a su padre, con la infantil esperanza de que el cacique impidiese la partida. Pero el jefe, lejos de molestarse, se alegró profundamente al saber que los intrusos se alejaban de sus tierras. Desolada, la hermosa princesita volvió al río, en el lugar donde conociera a su amado, y rompió en un llanto tan amargo como prolongado, hasta que al fin, el Genio del río se le apareció preguntándole qué le pasaba, deseoso de remediar su mal, ya que él amaba a la princesita tanto por su bondad como por su belleza.Oderay le relató todo, y el Genio, luego de escucharla atentamente, le dijo que como única solución, y a fin de que ella y Martín no se separasen nunca, él se disolvería para siempre en las aguas del río, con lo que, a partir de entonces, quedaría definitivamente engualichado. Ella sólo tendría que hacer que Martín bebiera de sus aguas antes de partir. Y así lo hizo.Martín Zárate siguió a Francisco de Villagra hasta la ciudad del Barco, y dado que no se entendía demasiado con su jefe, volvió al fin a España donde tenía su familia.Pero ocurrió que allí, en la lejana Sevilla, comenzó a atacarlo una profunda tristeza. Finalmente, no pudo más, y luego de dos largos años volvió nuevamente a la tierra de los “jujuyes” donde Oderay lo esperaba paciente y enamorada.Cuenta la leyenda que ambos vivieron felices y respetados por la tribu, no conociendo ninguno de ellos otro amor que el que entre sí mismo se guardaban.Dicen que, antes de morir, ambos se transformaron en un arbusto que comenzó a expandirse por todas partes: la tusca, que recuerda que el amor supera la distancia de las razas.De este arbusto se hace fuego, y de sus dulces vainas se alimentan por igual las cabras y ovejas, pero lo importante es que nace por doquier, siempre y cuando sus semillas toquen la tierra, sin importar el origen ni la diferencia de la zona.En tanto, las aguas del río quedaron definitivamente impregnadas de gualicho, y de allí que, quien beba de las mismas, estará destinado a regresar a Jujuy, como dice un refrán local: A JUJUY SIEMPRE SE VUELVE. Y los enamorados que juntos tomen las aguas del Xibi-Xibi, resguardados por los halos de la luna, que tanto cobijara a los amantes, encontrarán en la fuerza del gualicho el valor suficiente para superar todas las desazones y, sobre todo, las distancias.-
La Manka Fiesta
La Manka Fiesta, o fiesta de la olla de barro cocido, es un acontecimiento de pura raigambre nativa realizado desde antes de la llegada de los españoles. Se inicia el tercer sábado de octubre y se extiende hasta el último día de ese mes. Tiene lugar en la ciudad de La Quiaca, donde se congregan los campesinos de las regiones vecinas, que traen sus productos agrícolas, ganaderos o artesanales para hacer “trueque”, es decir, para intercambiar sus producciones por otros elementos que les son necesarios. Los objetos destinados al trueque son muy variados, pero entre los más comunes están las alfarerías de todo tipo: ollas, tinajas, virques (tinajas de gran tamaño), verdaderas protagonistas de esta fiesta peculiar.-
La Pachamama
La Pachamama es la más popular de las creencias mitológicas del ámbito incaico que aún sobrevive con fuerza en algunas regiones de nuestra provincia. La evangelización no logró extirpar la presencia de la Pachamama (Madre Tierra) en la vida espiritual de las comunidades aborígenes, ni con las manifestaciones rituales campesinas con las que se la venera. En Jujuy, la gente de poblaciones rurales, que profesa intensa¬mente la fe católica, continúa venerando a la Pachamama, como siglos atrás lo hacían sus antecesores. Las ceremo¬nias en su honor tienen lugar en muy diversos momentos: cuando comienza la siembra y al levantarse la cosecha, en las marcadas y señaladas de la hacienda. Pero el homenaje princi¬pal se observa en agosto, especialmente el primer día del mes. La ceremonia comienza a primera hora, con el sahumerio de la vivienda. Cerca del mediodía empie¬zan a llegar los invitados del dueño de casa, entre ellos vecinos y compadres. Luego de los saludos y bienvenidas, com¬parten un almuerzo. Después de la gran comilona, llega el momen¬to de la esperada ceremonia: se trasladan hasta el centro del patio, donde se procede al cavado de un hoyo, o recavado, y se da de comer y de beber a la Madre Tierra, depositando allí hojas de coca, chicha, alcohol y cigarrillos. Luego se procede al tapado del hoyo, enterrando, en algunos casos, botellas de alcohol y vino. Para completar la ceremonia, los presentes se toman de la mano para expresar el espíritu de hermandad que reina, y en rueda danzan alrededor del hoyo ya tapado, entonando coplas al son de la caja.-
Las Hermitas
Las ermitas son un bello homenaje que se realiza a Cristo Yacente, durante la procesión del Viernes Santo, en las localidades jujeñas de Tilcara y Tumbaya.Probablemente la palabra “Ermita” fue creada por un cura español, según la información transmitida por varios padres que pasaron por la iglesia de Tilcara. Durante muchos años se hicieron los conocidos Calvarios que, en nuestro pueblo, eran cuatro, después, por idea de este cura español, se realizaron las catorce estaciones del Vía Crucis. Esta tradición lleva por lo menos 108 años. Algunas personas, como Martín Cáceres, nos informan que cuando eran jóvenes, ya se venían haciendo los calvarios. Estos eran como una pequeña casa construida con flores naturales y yuyos aromáticos (cedrón, toronjil, molle) y, en el fondo, se diseñaba una figura (un cáliz, el rostro de Cristo, el Espíritu Santo, etc.) y eso es lo que ha quedado con el nombre de Ermita. Y cuando una familia se va del pueblo o no tiene descendencia, su función la heredan los vecinos. Las Ermitas son realizadas en forma secreta por catorce familias, a las cuales se agregan los vecinos y amistades trabajando en equipos de 8, 10 y hasta 15 personas, generalmente de noche, durante 4 o 5 horas. Se construyen sobre un marco de madera de cardón o de pino y se coloca un lienzo sobre el cual se realizará la obra. A partir de 1979 se cultivó en Tilcara, por iniciativa del Sr. Cruz Mendoza, dueño del camping, una flor llamada estatis, conocida en otros lugares como “flor de papel”, y también se comenzó a utilizar la flor “siempre viva” con lo cual se logró mayo perdurabilidad. También a partir de ese año se comienzan a emplear diversas clases de semillas (maíces, choloncas, girasol, quinua, quiwicha) y es de destacar que en la Huerta, Huacalera, las familias Cárdenas y Janco logran cruzar el maíz con lo cual se obtienen granos de diversos colores. También se emplean piedras de colores y minerales (hierro, plomo natural, óxido de cobre) y luego se recubre todo con barniz para darle brillo y duración. El tamaño de las Ermitas es de 2 x 1,5 a 2 x 3 metros y, a veces, más grandes aun. En el Museo de Ermitas que es la Estación-Calvario número 13, hacemos varias en tamaño reducido de 90 x 60 cm. Las Ermitas grandes a veces son guardadas en las casas o vendidas a visitantes de otras provincias y extranjeros para colecciones privadas o para Museos. Estos son casos excepcionales porque para nosotros lo más importante es guardar nuestra tradición. En el Museo de Ermitas se pueden apreciar algunos cuadros y podemos describir los mismos a quienes deseen visitarnos por calle Rivadavia hacia arriba, a dos cuadras de la plaza principal de Tilcara. Para este año tenemos previsto realizar varias Ermitas para lo cual ya tenemos los marcos, el diseño de los motivos y estamos juntando y almacenando flores antes de que termine la época de cosecha. Nota: Víctor Teodosio Cáceres, Tilcara. Los Cáceres heredaron la tradición de construir Ermitas de su padre Martín Cáceres y este del abuelo Aniceto Chocobar que ya las realizaba junto a los vecinos y amigos. Hoy los hijos de Víctor Cáceres y sus pequeños nietos están trabajando en la realización de las próximas Ermitas.-
Las Ofrendas
El habitante de esta región cumple con sus muertos, siguiendo una tradición nacida de la unión de supersticiones ancestrales y las convicciones religiosas cristianas, que sus antepasados recibieron de los misioneros, en épocas de la colonización de nuestro continente. Para el día de Todos Los Santos, las Almas de sus muertos vuelven al mundo y llegan a sus casas, por eso preparan "las ofrendas" (alimentos y bebidas), para esperarlos. Por sus enseñanzas cristianas encargan la misa para el "finado"; encienden velas a las imágenes veneradas en ese hogar, rezando el Santo Rosario; visitan las tumbas, donde además elevan oraciones, dejan coronas confeccionadas con flores de papel, en negro y violeta si el finado era adulto, en blanco y celeste si era “angelito”.El ritual de los Muertos se festeja en tres años consecutivos. En el primer año reina la consternación y el respeto ante el recuerdo vivo del difunto. El segundo año es más reconfortante; los ánimos, más fortalecidos, recrean la reunión con relatos de anécdotas, adivinanzas, y cuentos que provocan risas. En el tercer y último año se realiza "el despacho del alma" que tiene un sello original.El día primero de noviembre, en una amplia habitación de la casa, preparan "la mesa con ofrendas", colocando en el centro de la misma un ramo de flores naturales, un vaso de agua bendita en el que las almas esperadas dejarán su bendición, y diversidad de platos como empanadillas de cayote, rosquetes, capia y pochoclos, y todo aquello que era del agrado del alma. Lo original de esta mesa lo constituyen "los turcos", que son figuras humanas hechas de pan, ornamentadas con tinturas a base de airampos y masas mezcladas con hollín de las ollas, para obtener los adornos negros. Tienen formas variadas: representan escaleras, llamas, víboras, ángeles. Si el difunto es de edad avanzada, se cubre la mesa con un mantel negro; si es “angelito”, blanco.Entre los familiares y amigos la charla se vuelve interminable a fin de mantenerse despiertos hasta el amanecer, mientras circulan bebidas como tazas de café, vino hervido, chicha, y se fuma y coquea por el finado. Llegado el nuevo día, antes de retirarse, se sirve una confortable "lagua" (tulpo de harina de maíz). Luego de la misa la madrina de la mesa es encargada de la ceremonia del "compadrazgo" entre las personas que reciben los "turcos". Estos se bendicen en un acto de características picantes y jocosas, y el ritual termina con un abrazo sincero y emotivo.-
Leyendas del Coquena
Es el hijo de la Madre Tierra, Pachamama, llamado también el mago coquena, guardián de las majadas, tropero de las nubes, tejedor de brumas y nieves, sembrador de tormentas, duende de abras y bosques, tata de los cerros, músico de arroyos y ríos. El Coquena es considerado como la divinidad protectora de las vicuñas y los guanacos; su protección se hace extensiva a toda la fauna silvestre. Esta creencia se encuentra actualmente vigente en los ámbitos de la puna y la quebrada.-
Peregrinación a la Virgen de Punta Corral
Todos los años, en Semana Santa, miles de personas realizan una peregrinación, acompañadas por más de 40 bandas de sikuris, hasta el Santuario de la Virgen de Copacabana, situado en Punta Corral, a 3.660 m.s.n.m. y a 24 km. de Tumbaya. Allí se llega por una angosta y escarpada senda de montaña que pone a prueba la fe de los peregrinos y promesantes, quienes deben realizar un enorme esfuerzo para llegar a la Capilla de Punta Corral, enclavada en un magnífico paisaje de alta montaña.La bajada de la imagen hasta el pueblo de Tumbaya, acompañada de peregrinos y músicos, es un espectáculo de demostración de fe digno de ser visto.-
Santa Rosa de Lima
En el pintoresco pueblo de Purmamarca, ubicado a 65 km. de San Salvador de Jujuy, el día 30 de agosto se honra a Santa Rosa, patrona del lugar, con actos litúrgicos y misachicos acompañados por bandas de sikuris. En la ocasión se realizan importantes ferias de artesanías y comidas regionales.-
Semana Santa en Jujuy
En el maravilloso marco de la Quebrada de Humahuaca y de la Puna jujeña, tiene lugar una expresión multitudinaria de fe.La Semana Santa, fiesta religiosa que caracteriza al mundo cristiano, tiene en Jujuy particulares características que evidencian la profunda fe de su pueblo. En ella los jujeños expresan sus creencias más sinceras y dejan traslucir viejas costumbres y tradiciones históricas.Semana Santa en Tilcara.Declarada de interés nacional por el Senado de la Nación, la Semana Santa en Tilcara alcanza ribetes excepcionales, que se expresan tanto en la multitudinaria peregrinación hacia y desde el Santuario de la Virgen de Copacabana y Punta Corral el día miércoles, como en las majestuosas ermitas, hermosas obras de artesanía –tipo mural– elaboradas con flores, hojas, semillas y frutos del lugar, que representan las distintas estaciones del Vía Crucis de nuestro Señor y que alcanzan su máximo esplendor el Viernes Santo por la noche, luego de la procesión del Cristo Yacente, cuando son iluminadas.Semana Santa en Tumbaya.Los días miércoles, jueves y viernes anteriores al Domingo de Ramos, parten caravanas de promesantes rumbo a Punta Corral. Desde allí más de 20.000 peregrinos traen en andas a la Virgen de Copacabana el Domingo de Ramos, desde su santuario ubicado a 4.000 metros de altura. La peregrinación cubre 24 kilómetros de difícil y escarpada geografía, entre el santuario y el pueblo de Tumbaya. La marcha es acompañada por una banda de 1.500 sikuris, cuya fuerza musical se escucha a muchos kilómetros en medio de los imponentes cerros quebradeños, generando un espectáculo conmovedor y de profunda fe que tiene su momento culminante en el atardecer del Domingo de Ramos, cuando la imagen llega a la iglesia de Tumbaya.Semana Santa en Yavi.El Viernes Santo ofrece un sobrecogedor acontecimiento de religiosidad popular. Su histórica iglesia, con su altar de oro, se transforma en el centro de la celebración.En su interior se presenta el Monte Calvario con un Cristo de brazos articulados que, luego de la celebración de la Pasión, es desclavado y colocado en un sepulcro, iniciándose una de las tantas procesiones que se realizan hasta el alba del día siguiente.Semana Santa en Huacalera.Con profunda y sincera fe, las viejas costumbres y tradiciones españolas se reviven en la procesión del Viernes Santo por las calles de la villa, acompañada de antorchas y ermitas con flores, que representan imágenes bíblicas.Ferias de Pascuas.Tradicional congregación de gente de todos los pueblos de la Puna, quienes traen sus productos para el canje en las localidades de Yavi y Abra Pampa. Sombreros, barracanes, ollas y tejidos, así como sal, charqui y frutas secas. Las carpas donde se festeja la Resurrección dan una fisonomía especial a la Feria. Todo esto ocurre durante el sábado de gloria y domingo de resurrección.-
Virgen de Canchillas
En el pueblo de Santa Catalina se realiza una serie de festejos en honor de su patrona, la Virgen de Canchillas, a la que se adora con una tradicional procesión. Esta va acompañada por bandas de sikuris, celebrantes vestidos con plumas de suri y “cuarteadas”: parejas de mujeres que, siguiendo un antiguo rito, bailan a medida que recorren las callecitas del pueblo y van sujetando por las patas cuartos de corderos, hasta quedarse cada una con una parte del animal.-